Cristo, caudal inagotable de agua de vida













Para el día de hoy (13/03/18):

Evangelio según San Juan 5, 1-3. 5-18





La piscina de Betsata gozaba de cierta fama por atribuirsele dotes curativas a las aguas que en abundancia brotaban de ella; es que el culto que desarrollaba en el Templo de Jerusalem requería enormes cantidades de agua para las purificaciones y abluciones, encontrándose numerosas cisternas que proveían los miles de litros necesarios. Por otra parte, en las cercanías de esta piscina, los maestros de la Ley enseñaban a sus estudiantes, y la contraposición es dolorosamente evidente: de un lado, la enseñanza de la religión, y del otro el olvido de los pobres y los enfermos.

Obviamente, es demoledora la observación que nos trae el Evangelista: aquel hombre estuvo treinta y ocho años golpeado por la enfermedad, sin una mano amiga que lo acerque a las aguas milagreras; a veces, no es errado pensar que la ausencia de compasión y solidaridad es más cruel y duele más que la enfermedad misma.

Y el Maestro se acerca, no lo ignora ni pasa de largo, signo cierto de un Dios que siempre está inclinado hacia el dolor de sus hijas e hijos. Aún así, una cosa es clara: los milagros acontecen desde la fé, a partir de la confianza, y ese hombre enfermo -a pesar de su parálisis- debe poner su alma en ello. Para sanar de cualquier dolencia, simple o compleja, hay que tener la voluntad de curarse, y es raíz de esa libertad que a menudo dilapidamos en nuestros perniciosos acostumbramientos.

El hombre se pone de pié, tomando su camilla. Puede andar pues ha pasado la Misericordia por su vida, se pone en marcha al ser capaz de llevar al hombro lo que lo ataba y sometía.

Entonces, arrecian las críticas y algunos braman de rabia. En parte, porque en la sanación Jesús ha vulnerado la sacralidad que ellos han construido alrededor del Shabbat, en parte porque presenta al pueblo un Dios muy cercano, tan cercano como ha de ser un Padre.
Pero también, porque no les ha pedido permiso: las estructuras de poder -sea cual fuera su origen y definición- suelen reaccionar con violencia desmedida frente a lo que se sale de previsión y cauce, y la Gracia no puede acotarse, medirse ni regularse.

Es un tiempo maravilloso en donde Dios no descansa procurando nuestro bien, caudal inagotable de agua viva que nos sana y renueva.

Paz y Bien

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