Otro cansancio, otro descanso

Para el día de hoy (05/02/11):
Evangelio según San Marcos 6, 30-34

(Ellos volvían de una extensa actividad misionera, fértil y trabajosa; están felices, han cumplido con todo lo que Él les había mandado y así han visto la presencia cierta del Reino entre nosotros. Sin embargo, tarde o temprano el cuerpo pasa factura, y hay que pagar las boletas naturales del cansancio.
Jesús sabe esto, y con una delicadeza increíble se los lleva a un lugar apartado, en el desierto, para que puedan recuperar fuerzas, para que coman, para estar a solas con Él, y su necesidad es también la nuestra, ese agobio que suele ganarnos la partida y esa necesidad de estar junto al Maestro, en soledad y silencio, en común unión profunda.

Pero las gentes de pueblos y aldeas también lo necesitan. Están ávidos y hambrientos de la Palabra de ese rabbí galileo que enseña distinto y habla el mismo idioma que ellos.
Es tal su necesidad que recorren distancias inverosímiles y se adelantan en tiempo y espacio con tal de acercarse a Jesús.
No es un pequeño grupo de seguidores: es una multitud inmensa, dolorosamente grande, librada a la ventura de los vaivenes de la pobreza y la exclusión, hambrientos en sus estómagos y desfallecientes en sus almas.

Jesús sabe esto con el conocimiento propio de los que aman. Él también está agotado y necesita -es el más humano de todos- reposar y estar con sus amigos, compartir el pan y el descanso; sin embargo, parece que no hay tiempo para descansar. Es mucha la gente necesitada que lo busca con ansias, y a su corazón generoso y compasivo le resulta imposible permanecer indiferente.
Por ello posterga descanso y encuentro con los suyos, y se queda junto a esas gentes, multitud solitaria, ovejas sin pastor que nadie cuida, y les enseña calmadamente muchas cosas... Aquí es preciso hacer un alto y no confundirse: Jesús no es un docente como otros, no es un académico, no enseña doctrina ni religión.
Les habla de su Padre -Abbá de Jesús y de ellos-, les habla de esa otra vida eterna, interminable y feliz que llama Reino y que comienza aquí y ahora, les revela con gestos y acciones concretas el rostro misericordioso de ese Dios que algunos les habían mentido como inaccesible e invisible.

Allí mismo florece la compasión -com pathos-, es decir, compartir el sufrimiento, hacer decididamente propio el dolor del otro.
Desde esas entrañas de misericordia, establece la señal duradera: el descanso a estas vidas tan agobiantes y agitadas pasa por aliviar el dolor y el padecer de aquellos que sólo saben de malas noticias, que están abandonados -carne de cañón para los poderosos-, que sólo encontrarán reposo y consuelo en la solidaridad y en la generosidad.

Quizás nos sea preciso descubrirnos cansados, agotados, y buscar el descanso yendo al encuentro del más necesitado.
Que compartir el dolor, sentir la misma pasión que Jesús siente por el que sufre, por la entrega generosa e incondicional y desprovista de todo interés personal sea nuestro reposo y nuestra fortaleza.)

Paz y Bien




2 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Al final, parece que no pudieron estar solos, ¡haz que nunca te deje solo Señor! hasta pasada la hora de mi muerte.Gracias.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Así sea, querido Theo, que no nos escapemos en mil excusas.
Paz y Bien
Ricardo

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